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HABLAN LAS PIEDRAS: LA ERMITA DEL STMO. CRISTO DE LAS INJURIAS por Jesús Jurado Palomo Desde la torre y mirando
al norte, dominando el caserío, la torre del convento de las
concepcionistas (orfebres del bordado y de la plata), y más allá,
en la lejanía, la ermita del Stmo. Cristo de las Injurias, otro
tiempo corría cuando su advocación decía a Santa
Brígida, hoy recordada por Casterá en el centro del patio.
Desde el último tercio del siglo XVIII ya se llamó Ermita
del
El camino estrecho nos ofrece donde descansar, donde refrescarse con agua, donde sentarse a la sombra veraniega de sus morales y álamos. Atrás queda el pueblo, en lo alto la torre “catedralicia”; al lado, el cementerio, donde descansan antepasados que no pudieron estar bajando el camino de aquel jubileo; estaba hecho el pregón del año jubileo, y de salvar sus almas todos tenían deseo; al frente y en lo más alto, el Cristo lo dice todo. “Illuc enim ascenderunt” (pues allá subieron). ¡Cuántos autores han contribuido! Vía crucis de miércoles santo y quinario casi otoñal, preceden al Cristo de las Injurias, crucificado, inmortalizado por Castillo Lastrucci; aquí escucharé tus plegarias. De un sencillo y bien estudiado corte neoclásico, nos retrocede al año de 1887, apoyada por Francisco de Paula Romero Bolloqui (1843-1918) (de él sí se acordó Hinojosa del Duque en sus calles). Gallegos saca el Cristo en sus cuadros, y lo baja al pueblo. ¿A qué se debe tan repentino cambio de advocación? A la milagrería del hallazgo de un crucifijo en la puerta de Santa Brígida «fue hallado en 1734 a la puerta de la ermita». Cuenta la tradición que el Cristo sólo debe bajar al pueblo en presencia de catástrofes como plagas, sequías (aún recuerdo no muy lejanas misas en mi interior para pedir la llegada del agua)... pero esto se rompió el otoñal octubre del 2000 (promesa rota celebrada con jubileo, y en recuerdo, la plaza de San Juan con farolillos). ¿De cuando data la talla actual? Castillo Lastrucci la creó, y el pueblo la subió con fecha de domingo de 14 de septiembre de 1942 (culminación del quinario). La imagen del Cristo costó 7500 pesetas de las de la época, que adelantándonos a la moneda actual serían 45,07 € (dice riendo). No obstante, la imagen de la Virgen fue posterior y de otro autor. ¿Pero cómo era aquel antiguo Cristo de las Injurias que describiese el Padre Juan Ruiz? Los destrozos de la Guerra Civil Española. ¿Qué hombres profanos hicieron desaparecer aquel Cristo («de pequeño tamaño como para estar sobre una mesa o reclinatorio») con dos pequeñas calaveras en su parte inferior? «No hemos querido averiguarlo, para que la historia no se profane, a la vez, con sus nombres: el verdadero arte no les perdonará nunca su pecado» (al igual que otras compañeras anteriores a tal contienda). Me hicieron obras de renovación, que no cambiaron mi aspecto y distribución. Décimo primera estación; Jesús es clavado en la cruz, Cristo, el Cristo de las Injurias, que es como levadura que se mete en las harinas de la humanidad y rompe la masa para hacer el pan de la bondad. Cierre por un momento sus ojos y le recordaré a modo de un sueño como sería la imagen de aquel cuadro de Fé indescriptible de 1734, cuando la milagrería hizo aparecer la imagen del Cristo a las puertas de la ermita de Santa Brígida. Imagine la ermita y yo me encargaré del resto. Cuando yo era niño
recuerdo una habitación oscura con ofrendas y peticiones en forma
de pequeñas velas. La oscura iglesia, iluminada con velas en
torno al Cristo crucificado, y las catorce estaciones de la cruz dispuestas
como pequeñas capillas alrededor conteniendo imágenes
del Salvador a la crucifixión.
Volviendo al año
de 1734, durante la misa celebrada en el interior, las mujeres, con el
rostro cubierto por un velo, se sentaron a un lado de la iglesia, y los
hombres, al otro. Las autoridades y hombres destacados ocupaban el banco
de honor, ataviados con sus mejores galas.
Al finalizar el oficio del Corpus Christi, los sacerdotes y los feligreses salieron de la iglesia cantando himnos (“converte nos”, “custodi nos”), cada uno con una vela encendida, y recorrieron las estaciones, deteniéndose brevemente ante cada una para arrodillarse y rezar. Las niñas, vestidas con alegres bombachos, encabezaban la procesión y esparcían hojas de rosas. Dos orgullosos muchachos agitaban las lámparas
de incienso y otros cuatro sostenían una panoplia de seda encima
de la cabeza de los sacerdotes. Detrás de los sacerdotes iban el
Conde de Belalcázar, quien clamaba en voz alta “¡gresus
meos dirige!” (dirige mis pasos); y el rey Alfonso X el Sabio tomando
apuntes para sus “Cantigas” , «y junto a los Caballeros,
me pareció ver la insigne figura de don Íñigo López
de Mendoza, Marqués de Santillana, armado de pluma y espada, pidiendo
al Cristo de las Injurias, nueva galanura y lozanía para sus celebradísimas
“Serranillas”». Después les seguían por
último la multitud repitiendo en voz alta “¡Domine,
justus es!” (¡Señor, justo eres!). Bella estampa de imaginación, y volviendo a estampas algo mas “recientes”... ¿Recuerda aquella joven rodeada de viñas allá por el año 1900, imagen plasmada en un portafolio fotográfico de España? «Devoto santuario erigido fuera de la población en sitio ameno y delicioso». Según el casco de la población en 1900 contaba con 10.673 habitantes, o almas en la terminología decimonónica. Según el anuario de la Caixa, en el año 2000 la población residente se limitaba a 7.995 habitantes. Como dijo el Padre Hilarion: «Cristo es verdaderamente el Dueño de la “Viña”. Él es, sin duda, quien pone la semilla de buenas “cepas”, pero los labradores que riegan, y cuidan y conservan esa “Viña de Cristo”, serán siempre los Santos». Sorprende a todos su apellido, cuan diferente de otras advocaciones. «Por las injurias y aprobios que en tu presencia te hicieron» (en la Letanía de Jesús). Aunque somos todos el mismo, recuerde; Cristo de la Misericordia, Cristo de la Humildad y Paciencia, mi sepulcro de Félix Granda, los dos Nazarenos,... Incluso mi escultor se prestó a la realización de uno de ellos, ¿cuál será? (dice riendo – refiriéndose al Nazareno de la parroquia de la Caridad). ¿Por qué venera en su interior, a una persona singular? Desde este calvario particular (antes trabado en la pared), la mirada se fija en la tumba de un sacerdote, don Antonio Fernández Cortés, que dio su testamento, con fecha de 14 de septiembre de 1981 (casualidades de la vida en esta fecha tan singular), a Cristo, a la Santísima Virgen, a Hinojosa del Duque. “Beati mortui qui in Domino moriuntur; opera enin illorum sequuntur illos” (Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor, pues sus obras les seguirán). ¿Qué otros sacerdotes merecerían su atención? A la llegada nos sorprende en forja la leyenda ¡Aquí
escucharé tus plegarias! clavada por don Juan Jurado; “nostras
preces ut audita” (para que oiga nuestros rezos).
¿Y qué me dice del Padre Hilarion, hinojoseño de nacimiento (1909), quién hasta le compuso un Himno al Santo Cristo de las Injurias (Hinojosa del Duque- 7-IX-1941)? «La música de este Himno fue compuesta por
el inspirado músico, el Pbro. D. Bartolomé Gordillo, Organista
de la Catedral de Córdoba». Mi Padre Hilarion, que reconvirtió
el nombre de la plaza de Castelar, incluso me dedica una “Pueblerina”
(«El Cristo de la Ermita. Al Cristo de las Injurias de mi pueblo»)
en dos de sus obras maestras; las “Liras Hermanas” y “Una
Mujer Esclava del Hogar. La Hermana”.
Incluso describe mi localización: «La posición topográfica del Santuario es un sitio ideal para la meditación y hasta para la salud corporal. Como un castillo sobre empinada cumbre, domina una extensión geográfica que se pierde en el horizonte. Dilatadas campiñas y vegas jugosas se divisan desde la maravillosa atalaya mística. Y es tan empinada la cumbre, que la vista de Hinojosa es casi panorámica, con tintas de un cuadro velazqueño». La menor del rosario de ermitas hinojoseñas, y la más visitada de ellas, ¿por qué esa modernización? Paredes ennegrecidas por lamparillas nos retraen a tiempos no muy lejanos, hoy sustituidas por un moderno artilugio eléctrico. La modernidad estropea quizá las líneas del pasado, y se nos torna indispuesta la torre de la emisora, medio de comunicación local. La electricidad ha llegado, el invento de la modernidad del siglo XIX ha andado por el camino a mis puertas. Y es que soy la más joven de las otras nueve ermitas. Llegado a la puerta del patio, y volviendo atrás la mirada, se nos presta tranquila Hinojosa del Duque, apellidada por el Duque de Béjar. Divisora de pueblos... Lucecitas de colores diviso en mis noches. Belalcázar con su “Bello-Alcázar” (capital del Estado de los Haro y Sotomayor), Fuente la Lancha comienza la línea, Villanueva del Duque con su aplanado montículo de las minas de El Soldado y Las Morras, Alcaracejos (faciendo la Vía del Calatraveño), Villaralto, El Viso y su abuela Santa Ana,... y alguno de mis emblemas paisanos como el cerro del Cohete o la ermita de Santo Domingo con su álamo al frente... En verdad sois los verdaderos “Ojos del Valle” que no se atrevió a pronunciar el poeta Antonio Rodríguez Jiménez. La poeta hinojoseña Sabina Tamaral dice del Stmo. Cristo de las Injurias que;
Al Stmo. Cristo de las Injurias:
A modo de terminar, ¿qué pronunciaría? Citada por el P. Juan Ruiz en la cuarta parte, capítulo VI de su obra maestra local como ermita moderna; a través de él doy gracias a los proveedores de mi construcción: «En 1887 se terminó la actual, gracias a las dádivas y limosnas de sus numerosos devotos, que constituyen todo el pueblo». Gracias a Hinojosa del Duque, gracias a sus gentes. Sin duda aparece sobre usted mucha información en el bombardeo de publicaciones al respecto, dando datos sobre su historia y arquitectura, pero sus confesiones en el día de hoy seguro resultarán a muchos, de novedad en aquellos aspectos curiosos no mencionados. Es por lo que he preferido dejar de lado tanto dato histórico y arquitectónico conocido de sobra, y dar estos secretos. Y más que me llevaré conmigo. «¿Quién podrá contar las conversiones (muchas de las cuales no se ven) que ha realizado Cristo por intermedio de su Sagrada Imagen del cerro?». Castillo Lastrucci, Casterá junto a Santa Brígida, Francisco de P. Romero Bolloqui, don Antonio Fernández Cortés, don Julián Díaz García... (nombres de huéspedes que durmieron varias noches). Hinojosa del Duque. La historia sigue... Desde la espadaña de ladrillo vacía de cigüeñas a mi alrededor, desde la espadaña con el calor veraniego mirando las fuentes hinojoseñas. Fuente del Pilar, de la Castana, de la Navilla... De piedras rodeada de cruces grabadas (por antiguos quintos militares), quizá esta deba ser la cruz que como autor del presente texto deba ofrecerle al Cristo de las Injurias. Bajo su estampa cuántas oraciones pronuncié en los momentos claves de hasta ahora mi corta vida. Él me acompañó a Córdoba y no me abandonó; en las tierras del Reino de Aragón, tierras alicantinas me ayudó; dentro del Reino de Granada me cobijó; en el centro de los Reinos de Castilla y de León, Madrid capital de España, escuchó mis plegarias; en Sevilla me acompañó; espero su ayuda allá donde me envié el destino de la vida de médico... Éste es mi homenaje al Cristo representado en la estampa que llevaba conmigo. Gracias por escuchar mis plegarias. «La Feria de Agosto, que le había dado tanta fama por la gran concurrencia de ganado mular, ha desaparecido con la mecanización del campo. Pero le han quedado las fiestas,..., con un sabor andaluz inconfundible».
BIBLIOGRAFÍA: • PORTAFOLIO FOTOGRÁFICO
DE ESPAÑA. Cuaderno nº 97. HINOJOSA DEL DUQUE. 1900. AL CRISTO DE LAS INJURIAS
POR ALEJANDRO LÓPEZ ANDRADA
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