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HABLAN LAS PIEDRAS: LA CATEDRAL DE LA SIERRA por Jesús Jurado Palomo La iglesia matriz, definida por el Padre Juan Ruiz; la Catedral de la Sierra, por las gentes de Hinojosa del Duque; Granito para la eternidad, por Juan Bernier; quizá sea en su segunda acepción la más conocida por todos; aunque rece su nombre como Parroquia de San Juan Bautista; imponente monumento granítico a modo de simbiosis entre estilos arquitectónicos. Y es que las piedras hablan... sólo basta pararnos a escuchar.
Le haré una pregunta que ya le realizase un hinojoseño ilustre de esta villa allá por el año 1922; ¿cómo se reunieron fondos para la edificación de tan suntuoso templo? Las pequeñas colaboraciones me hicieron realidad. Sólo pienso en el mundo contemporáneo, y en el valor que tendría que alcanzar el construirme ahora.
¿Se queja de algo, o los agradecimientos suplen sus pérdidas? Muchos de mis atuendos a lo largo de la historia ya han desaparecido, algunos afortunadamente (como la puerta exterior de entrada a la escalera de caracol de la torre -capricho de un párroco a finales del siglo XIX-, el campanillo del tejado de la sacristía, el reloj de la torre, o un pesado Sagrado Corazón) y otros todo lo contrario, como el órgano, el púlpito o el antiguo barroquismo de mi altar mayor; ennegrecidas estaban las pinturas de mi artesonado mudéjar. Haciendo acopio de las prisas de esta sociedad tan moderna que callejea en este tiempo hice un esfuerzo, el de dar las horas del día de viva voz de mis campanas; no podría permitirme el colocar otro reloj en mi torre que desfigurase mi cara antigua.
Lo dice como pidiendo un deseo. Sólo expreso mi último
deseo, por ahora, en que en la tan precisa restauración del cambio
de milenio no me despojen de las huellas impresas en mis lugares más
recónditos, las firmas en piedra autóctona de granito
de los que fueron mis artífices, picapedreros ya no recordados,
creadores de tanta belleza como de la que hago gala en mis cresterías
de la capilla del baptisterio y de la sacristía (aunque ya bastante
borradas están tras hacerle caso a la pena que afligía
al Padre Juan Ruiz de despojarlas de cal, idea muy acertada).
Pero, ¿a quién debe usted con su donosura, hacer gala? A mis maestros que me enseñaron en la escuela, como si fuera una muchachilla de párvulos de la época, todo lo que puedo enseñar y presumir hoy; me refiero a Hernán Ruiz I, a su hijo Hernán Ruiz II y el nieto (dinastía de arquitectos), a Juan de Ochoa, y a todos aquellos anónimos que con su aportación minúscula de maravedíes cuales hormigas que recogen granito a granito su cosecha, contribuyeron a mi construcción. Cual pena recorre mis venas cuando desde el capitel de mi torre en compañía de las cigüeñas diviso todas las calles de esta antigua villa, miro sus nombres, y no reconozco a ninguno de mis creadores, que tanto hicieron por Hinojosa del Duque.
¡Cuántas generaciones de hinojoseños ha conocido, y cuántas historias de éstos hacia usted! El tiempo pasa y recuerdo las enfermedades sufridas (en la enfermedad se es un ser débil, con poder y valor disminuidos), y es que intentaron destruir mi torre durante la Guerra Civil Española, marcas de metralla tengo en las columnas de la portada principal, mi archivo parroquial fue quemado también en tal contienda a la vista de todos, en la plaza de San Juan –mi advocación-, los ataques de los palomos a mi granito, granito para la eternidad. De la primera me recuperé afortunadamente, aunque si tengo algún recuerdo amargo de mi torre sería el ataque que me produjo un huracán, destruyéndome el capitel en 1799 – una vez más mis vecinos me repararon de tan doloroso mal.
Todos nos quedamos sorprendidos ante su torre incluso desde la lejanía del camino que iba a Valsequillo, en el llamado por los patueros, cerro de los Credos; torre alta y delgada, espada que intenta alcanzar el cielo. Dos pensamientos me invaden incluso antes de estar construida. Uno viene como consecuencia del cerro de los Credos, desde donde ya se divisa la ermita del Cristo de las Injurias, y es el personaje de Eumancio, presbítero de esta tierra, que junto con Osio, obispo de Córdoba, inculcaron las bases del actual Credo del cristianismo. Aquí también escucharé tus plegarias.
¿Y el otro pensamiento? El otro pensamiento; aún recuerdo aquellas líneas que se entrecruzaban en el papel de la época, y que una moza tan fermosa pidiese a Gonzalo de Córdoba, una torre alta y delgada, casi hueca. Tenía razón en que sus ojos no la verían, pero vislumbró perfectamente quiénes serían sus creadores. Y todos aplauden mi torre iluminada en la representación teatral de tal instante ficticio.
Agua fresca entre granito, y a la sombra de la torre, refrescante de la siesta cálida de verano. Prosiguiendo con mi torre,...
muchas torres hablan cada Jueves y Viernes Santo, cuando la única
autorizada para ello sería yo, y es que soy la única torre
en muchos pueblos que tengo la suerte de hacer sonar una gigante matraca
(aunque lo tuve callado durante años, hoy les expreso mi queja
a mis vecinas torres –la de la Caridad, la desaparecida del convento,
la de las monjas o las de mis acompañantes diez ermitas).
A usted le han cantado, recitado y enamorado poetas de distintas generaciones y estilos. A Leopoldo de Luis se le queda suspensa la mirada ante mis diez columnas. Carlos Clementson se deslumbra bajo el cielo de mis bóvedas. Domingo F. Faílde recuerda mi planetaria crestería. Antonio Rodríguez Jiménez contempla la bella catedral del Valle, ¿quién será esa (dice sonriendo)?. Fernando de Villena descansa en la alta torre junto a la cigüeña. Alejandro López Andrada vislumbra el perfil de mi torre en el crepúsculo. Antonio Garrido Moraga se deleita con la plaza y su templo. Y... Sabina Tamaral, poeta local, me describe mi fundación con suspiros de pasión. A todo hinojoseño anónimo le inspiro. ¿Por qué no me enamora?
Bravos versos. Vuelve a mí, y no
es fácil elegir, porque:
¿Quizás sea Sabina Tamaral y Alejandro López Andrada, sus máximos enamorados? Un gran tesoro perdido en la citada (y prefiero no recordar, guerra) era mi gran campana que se hacía escuchar hasta en Las Patudas. Recuerdo su inscripción que decía; “Santa María me llamo, diez quintales peso, quien no me crea, me coja en volandas, me dé una vuelta en la plaza, y me lleve a mi casa”. Sabina Tamaral dice de mi gran campana:
A modo de terminar, ¿qué pronunciaría? Una copla al patronazgo de la Virgen de Guía, excelencia de cinco pueblos (junto a Fuente la Lancha):
En un relicario de cristal y plata aparece por la Corredera su imagen pequeñísima. El origen de su tamaño se sustenta en la «devoción de nuestros Reyes cristianos, que la llevaban sobre su arzón de su vaquera, en las batallas». Mas me pareció ver su imagen colgada de cada caballo de los Sotomayor y Zúñiga en sus visitas. Mas si el trovador se me vuelve a insinuar...
Sin duda aparece sobre usted mucha información en el bombardeo de publicaciones al respecto, dando datos sobre su historia y arquitectura, pero sus confesiones en el día de hoy seguro resultarán a muchos, de novedad en aquellos aspectos curiosos no mencionados. Es por lo que he preferido dejar de lado tanto dato histórico y arquitectónico conocido de sobra, y dar estos secretos. Y más que me llevaré conmigo. Los Hernán Ruiz, Juan de Ochoa, Carvajal Clérigo, Félix Granda, Zurbarán... (nombres de huéspedes que durmieron varias noches). Hinojosa del Duque. La historia sigue... Desde la torre y mirando a mi alrededor, desde la torre mirando al norte... JESÚS JURADO PALOMO BIBLIOGRAFÍA: • PADRE JUAN RUIZ
C.A.O. La Ilustre y Noble Villa de Hinojosa del Duque. Jerez de la Frontera,
1922.
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